Crecimos siendo niños flacos, deportistas y saludables, la adolescencia continuó por los mismos derroteros y a partir de los 18-20 años comenzó un proceso lento pero constante de subida de peso de forma gradual. Partíamos de antecedentes familiares de sobrepeso y obesidad, además de unos malos hábitos alimenticios heredados.

Adelgazar sin hacer dietas


Subíamos de peso en invierno y en verano lo bajábamos, pero nunca bajas todo lo que subes. Digamos que subíamos 3 y bajábamos 2, al año siguiente lo mismo, aumentábamos una cantidad de peso determinada y sólo reducíamos dos tercios, cada año sin darnos cuenta íbamos ganando peso, se iba acumulando año tras año una cantidad extra.

Llega un punto en la vida en el que te dejas ir, la estética deja de importarte o más bien empiezas a acostumbrarte a verte gordo, aunque por esas cosas curiosas y caprichosas del funcionamiento del cerebro nunca llegas a verte tan gordo como estás en realidad. Es como si tuvieras un avatar de ti menos gordo de lo que verdaderamente estás, los demás si te ven como eres realmente, pero uno mismo no se percibe del mismo modo. De vez en cuando te observas en una foto de cuerpo entero y te impacta lo gordo que has salido en esa foto, a los demás no les impacta porque te ven como realmente eres.


Adelgazar sin hacer dietas

Te dedicas a hacer multitud de dietas, normalmente motivado por causas que no son buenas para provocar un verdadero cambio que pueda llegar a ser mínimamente duradero en el tiempo. Se acerca el verano y quiero bajar algunos kilos para lucir menos gordo, tengo que ir a una boda y no me cabe el traje, al final acabas comprándote otro traje porque no bajas lo suficiente.


Las dietas no funcionan a la larga porque tienen un horizonte temporal y realmente no te enseñan a comer, bajas unos kilos llegando a tu objetivo a través de mucho esfuerzo y sacrificio, comiendo demasiado poco y haciendo muchísimo ejercicio. Cuando llegas al objetivo te crees que ya has solucionado tu problema, te das los correspondientes y merecidos homenajes en forma de comer todo tipo de comida indeseable, te vas con las cantidades, te abandonas con el ejercicio y lógicamente comienzas a recuperar todo lo perdido y normalmente algo más, en definitiva se derrumbó el endeble castillo de naipes que habías montado porque te creíste que ya no eras gordo.


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