La comida basura o chatarra contiene grandes cantidades de grasas, azúcar, condimentos y sal, estimulando el apetito y la sed, lo que tiene un gran interés comercial para los que vendan este tipo de productos incrementando así sus ventas a costa de nuestra salud.

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También podemos encontrar deplorables aditivos como el glutamato monosódico, un potenciador del sabor cuyo fin es provocar que comamos mayor cantidad del producto. Por no hablar de los colorantes, sin interés nutricional alguno, cuyo único fin es hacer la comida más apetecible ya que nos entra mejor por la vista.

Una combinación de hamburguesa doble, papas fritas, bebida y postre en un establecimiento de comida rápida tiene 2200 calorías que son aproximadamente todas las que tiene que ingerir al día una persona media. Eso sin contar que su aporte nutricional es nefasto, repleto de grasas saturadas, grasas trans, carbohidratos simples y azúcares de alto índice glucémico, excesiva sal, escasas vitaminas y minerales y lo peor es que en unas horas tienes un hambre atroz de nuevo debido a la bajada de glucosa que se produce tras el subidón inicial, es lo que tienen los carbohidratos simples que producen el efecto de montaña rusa en la glucosa en sangre.

No dejes de ver el reportaje documental de Spurlock que enlazamos a continuación en español, Supersize me (Engórdame), que fue nominado al Oscar en el año 2004. El protagonista plantea el reto de comer en el McDonald’s durante un mes seguido, tres comidas al día y veremos los cambios que se producen en su peso, su estado físico y el alarmante deterioro de su salud, desde que nosotros lo vimos no hemos vuelto a un sitio de comida rápida y no tenemos intención de volverla a comer jamás, hay un antes y un después tras ver este documental. Definitivamente es un must.



Pero no nos engañemos, la comida chatarra no es solo la que comes fuera en un sitio de comida rápida, desgraciadamente la comida basura se ha instalado sin darnos cuenta dentro de los hogares. Está en el azúcar que hoy en día inunda la mayoría de productos del supermercado, está en la excesiva sal que se le echa a todo, sobre todo a las latas de conservas, está en esa retahíla de edulcorantes, conservantes, aromatizantes, espesantes, colorantes, saborizantes, emulsionantes, antioxidantes, acidulantes que nos metemos diariamente entre pecho y espalda. Parece mentira como nos hemos acostumbrado a comer de esta manera que ya vemos hasta normal y ni siquiera nos asusta introducir todas estas porquerías en nuestro cuerpo.

Fuentes:
Imagen de freedigitalphotos.net by Suracha

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